martes, 13 de noviembre de 2012

La Democratización de los Medios y la Revolución de Conciencia



Considerar que el problema se resuelve apagando el televisor, es igual a afirmar que el problema de la inseguridad se resuelve si no salimos de casa o igual que decir que la corrupción se termina si uno no se presta a cometer este tipo de actos



Por: Vladimir Chorny (@VladimirChorny1)

Hace ya más de treinta años, uno de los estudios más importantes sobre la comunicación en el mundo (el llamado informe MacBride) mencionaba como uno de sus principales riesgos a la concentración o monopolización de los medios de comunicación, en particular de la televisión, por su poder de alcance y su capacidad de crear opinión pública. Derechos como el acceso a la información o la libertad de expresión podían ser devorados de la misma manera por el monstruo de la concentración mediática, como por el ya conocido monstruo del control y censura estatal.
México tiene bien definido el suyo, construido con el paso del tiempo para formar un monstruo de dos cabezas que representan fielmente la concentración de los medios de comunicación. Televisa y Tv Azteca ocupan el 88% del espectro radioeléctrico y las concesiones de televisión abierta y acaparan alrededor del 90% de la audiencia televisiva, recibiendo el 58% de la inversión publicitaria y el 30% del total de gasto en comunicación social federal en 2012 (de acuerdo a cifras de la Cofetel). Además, con la ya aprobada fusión Televisa-Iusacell, las relaciones comerciales de las dos televisoras se estrechan para constituir de facto un monopolio televisivo (sin mencionar que ambas concentran también radio, publicaciones impresas, editoriales, casas productoras, portales de internet y ahora servicios de telecomunicaciones).

El poder y peligro de esta Anfisbena reside en que tiene la capacidad de crear una realidad de acuerdo a sus intereses, que prácticamente no encuentra contrapeso en otras versiones de los hechos. Pero especialmente, en que tiene el poder de sacar del debate público los temas que no sean parte de su agenda o las versiones de la historia que no le interese mostrar. Basta ver el peso que da a temas como los derechos de migrantes, las comunidades afectadas por mineras o la reforma laboral, que son invisibilizados a la opinión pública, como si no fueran relevantes o no pusieran en juego los derechos más básicos de las personas involucradas en ellos.

Este poder afecta a todas las personas por igual porque lesiona en general los derechos de información y libertad de expresión, y en particular los demás involucrados en los casos eliminados de la realidad que construyen. Es aquí donde se inserta la idea de la democratización de los medios. Considerar que el problema se resuelve apagando el televisor, es igual a afirmar que el problema de la inseguridad se resuelve si no salimos de casa o igual que decir que la corrupción se termina si uno no se presta a cometer este tipo de actos. El acto individual no elimina los problemas estructurales del sistema, ni elimina la constante violación de los derechos humanos involucrados. La democratización de los medios debe realizarse de manera estructural.

Lograr esto se ha convertido en uno de los problemas más grandes porque el poder mediático de las televisoras ha logrado transformarse en poder político, con el que han logrado la defensa de sus intereses incluso dentro del Congreso, a través de legisladores que velan por sus intereses y se oponen al cambio en el sistema de medios de comunicación (la llamada Telebancada). Pero más allá de sus mecanismos de defensa, el arma más fuerte que poseen es la de la apatía política y el conformismo de la sociedad, transformados en una casi nula participación ciudadana. Cuando la gente repite “no vale la pena luchar, al final no cambia nada”, el monstruo se fortalece.

Surge así un obstáculo principal, pero con él, una posible salida. Esta apatía, provocada entre otras cosas por un sistema político cerrado, por la ausencia de mecanismos de participación, por la ahora violencia generalizada y por la difusión de la idea de que las cosas no pueden cambiar, puede ser combatida mediante la Revolución de Conciencia.

La Revolución de Conciencia implica primero remover la idea de que las cosas no pueden cambiar, pero además, establece que las cosas sólo cambiarán con la participación de todos. Retoma la idea de que en las sociedades democráticas los individuos deben de exigir sus derechos y luchar por ellos; llevar a cabo la presión social necesaria para lograr su reconocimiento y su efectividad real. Así, las personas afectadas por una situación en particular, deben luchar por cambiarla, sin esperar a que sea un líder o partido político quien solucione el problema por ellos.

Esta apuesta por el reapoderamiento político del ciudadano y una cultura política participativa, ha sido impulsada por el movimiento #YoSoy132 para democratizar los medios. Sin embargo, esta lucha no ha sido, no es y no debería ser sólo de nosotros. En ella, desde hace aproximadamente 30 años, han luchado organizaciones de ciudadanos comprometidos con cambiar las cosas. Es con este trabajo conjunto que la posibilidad de transformar el sistema de medios se ha vuelto real, pero para materializarla, es indispensable que el resto de la sociedad se sume y presione para que las modificaciones necesarias se lleven a cabo.

La democratización de los medios no depende de unos cuantos, sino que necesita del impulso de todos. Esta es una lucha que no debe dejarse solamente a la clase política, es la sociedad quien debe participar esta vez. El monstruo tembló ya una vez cuando vio de que éramos capaces juntos. La presión social nunca fue tan necesaria.

* Vladimir Chorny, integrante de la asamblea #YoSoy132 Facultad de Derecho UNAM.

http://www.animalpolitico.com/blogueros-blog-invitado/2012/11/12/la-democratizacion-de-los-medios-y-la-revolucion-de-conciencia/


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